J.R.R. TOLKIEN Y G.R.R. MARTIN: diferencias entre los distintos géneros literarios

Cuando somos parte de un equipo de fútbol, queremos que nuestro equipo sea el mejor del mundo, que gane todos los partidos y que se lleve todos los premios a casa. En cierta manera, el que guste el fútbol no es solo por una afinidad al deporte, sino una propia categoría identitaria que se funde con nuestra personalidad. Aunque no veamos todos los partidos de nuestro equipo, con que gane estamos contentos, porque en base, es como si hubiéramos ganado nosotros. Esto se puede trasladar tanto a la fantasía como a los videojuegos.

Es nuestra saga favorita, nos gusta y queremos compartirla con todo el mundo, siempre expectantes de que nos den una valoración positiva de la misma. Más de uno habrá creado una cuenta de Twitter o Facebook para divulgar dicha obra o, simplemente, funcionar como una especie de cuenta animadora, para decir porque esa saga es la mejor (claros ejemplos de ello son Tolkienverse o El Profeta en Twitter). Hasta aquí todo correcto pero, al igual que sucede en el fútbol, cuando escuchamos una mínima crítica, por muy pequeña que sea hacia nuestro universo de fantasía favorito, nos hace mucho daño. La crítica deja de ser opinión o análisis y se transforma en un ataque personal hacia nosotros, porque aquella obra que tanto nos gusta ha pasado a formar parte de nuestra personalidad.

Las obras literarias de fantasía tienen errores que han quedado ocultos, también digo que no son importantes, porque a veces nos gusta mucho criticar las cosas que nos superan, pero en parte eso no quita que algunas sean una realidad. El que Harry Potter sea una saga enfocada al público infantil es un hecho, pero algunos les ofende y les cuesta admitir, que aunque seamos adultos, nos puede gustar las series de animación infantiles: ver Sin-Chan, La Sirenita, StarWars, ToyStory… Vamos a llamar a esto, el fenómeno de equipos de fútbol en la fantasía o la infantilización de la fantasía, el cual es la idea que explica porque estoy escribiendo este artículo. El hecho de catapultar una obra como la mejor del mundo ha producido que se comparen de manera absurda muchas obras que no tienen nada que ver unas con otras por tiempo, estilo, género y un largo etcétera.

La novela fue un invento burgués, enfocada a la burguesía intelectual de siglos pasados, llegando su máximo apogeo con el romanticismo del siglo XIX. Pasa un poco como con la carne, cuando en el Antiguo Régimen se la relacionaba con la nobleza. En cambio, ahora todos comemos carne, y con especias, al igual que ahora todos sabemos leer, y las novelas se han convertido en un fenómeno de masas, porque las leen todos los estratos sociales. La novela de fantasía en parte se ha convertido en todo un fenómeno de masas gracias a J.K Rowling, Brandon Sanderson y el propio George R.R. Martin, y que Tolkien no consiguió en su época por falta de medios y circunstancias distintas. En los ochenta ya era común ver comunidades de rol y literatura, pero siempre limitados a un espacio de culto o marginado. Es en cambio, en el siglo XXI cuando se ha superado con creces el número de lectores afines al género, convirtiéndose en todo un fenómeno de masas en todo su esplendor. De hecho, es ahora cuando la fantasía está en su Edad de Oro por antonomasia.

A nivel narrativo, El señor de los anillos, con Tolkien a la cabeza, ha puesto el listón muy alto en cuanto a la creación de un worldbuilding literario de fantasía. Tolkien hizo una saga transcendental, una curiosa puesta de escena de un universo centrado profundamente en la religión, con la introducción de elementos paganos, pero que, al fin y al cabo, parte del pensamiento cristiano del dualismo entre el bien y el mal, el pecado del hombre con Adán y Eva, Lucifer como ángel caído que sería Sauron en este caso. Desde su publicación, la obra fue un éxito entre los círculos intelectuales, pero no llegaría a ser un fenómeno de masas hasta la aparición de las primeras películas de Peter Jackson (2001, 2002, y 2003). Es a partir del cine cuando una obra, centrada a un público literario culto y especializado, se extiende por las clases populares y se convierte en un elemento clave de la cultura Pop.

Desde entonces, se tiende a comparar la obra de Tolkien de manera exagerada con todo. Pasa un poco con Canción de hielo y fuego hasta hace poco, cuando una saga literaria se toma un elemento prestado de dicho universo, se dice que es un Juego de tronos de esto, como cuando Bloodborne se dijo que era un DarkSouls de Sony. Aquí las comparaciones son odiosas, pues muchos te negarán que una obra haya superado o igualado el universo de Tolkien. ¿El señor de los anillos es insuperable? ¿No ha habido nada como Tolkien? Pienso que esto es una ilusión, no es que no se supere o se iguale, es que una obra nunca tiende a ser superior a las demás, sino que el estilo del propio autor muere con el propio autor, y los cánones de una época a otra, mueren cuando esta época pasa a la historia y se abren a elementos más contemporáneos pues, en la mayoría de casos, por muy parecida que pueda ser cierta obra respecto a otra, serán sagas distintas, y géneros diferentes. Pues se tiende a hablar de la fantasía como un género único, algo que es falso, ya que, de la fantasía han surgido multitud de corrientes: grimdark, fantasía oscura, urbana, steampunk, alta fantasía… por lo tanto, comparar a alguien como Tolkien con Martin es un completo despropósito, pues no tienen nada que ver lo uno con lo otro.

Es que ¿acaso podemos comparar a Shakespeare con Cervantes? Ridículo, ¿verdad? ¿Podemos comparar la fantasía clásica, en este caso El señor de los anillos, con una novela fantástica con elementos de grimdark, fantasía oscura y de la propia novela histórica como es Canción de hielo y fuego de Martin? A veces se piensa que no se ha superado a Tolkien, y nos olvidamos que, desde hace décadas, ha habido olas de superación de la fantasía clásica, y que los autores de hoy en día, se basan en escritores que, en cierta medida, ya habían superado a Tolkien, no como obra literaria, sino como concepto, estilo e innovando distintas formas de escribir una obra de fantasía. Es decir, la superación en este caso consiste en hacer una antítesis de Tolkien, romper con lo establecido y crear algo nuevo acorde con los nuevos tiempos. Porque la fantasía no tiene porque pasar por un filtro de ingredientes como una receta de cocina de Instagram.

George R.R. Martín ya dijo que no había inventado la rueda. Simplemente ha realizado una serie de obras, muy sencillas de leer, algo que no es malo, metiendo elementos más familiarizados con su entorno, como la ciencia ficción, la novela histórica, y la fantasía oscura de los años noventa, creando algo que realmente se ve innovador y muy interesante. Martin es un genio de la escritura, una persona que viene de escribir guiones, y eso se nota. Probablemente, por eso sus obras han tenido la difusión que han tenido.

Mucha gente piensa que Canción de hielo y fuego está basada en Tolkien, algo completamente erróneo, que sabes si has leído sus libros, todos ellos. Justo hemos llegado al punto que quería desarrollar: la aparición de la segunda ola de la fantasía y la superación a Tolkien como concepto de género, la irrupción de la fantasía oscura, del grimdark y de la épica de los ochenta y noventa. De la segunda ola solo me centraré en su padre, Michael Moorcock, autor todavía vivo, que ha pasado sin pena ni gloria, pues nadie le conoce, a pesar de que su fantasía y estilo es la que realmente ha influido en todos los escritores de nuestro tiempo: Martin, Abercrombie, Sapkowski o Sanderson.

Michael Moorcock, conocido como el anti-Tolkien y el padre de la segunda ola de la fantasía, concibió su obra más conocida, Elric de Melniboné. De esta obra salieron conceptos con los que Moorcock se adelantaba a multitud de autores de nuestros días. La concepción del Multiverso antes que Sanderson, la presencia de un personaje de pelo blanco y que porta una espada maldita que nos puede recordar a Arthas de Warcraft III, o la aparición de unos gigantes de hielo del libro de Corum, que avanzan desde el norte, eliminando toda vida bajo su paso y resucitando a los muertos, que nos pueden sonar a los caminantes blancos de Martin.

En los ochenta y noventa, la segunda ola ya dio paso a la nueva literatura fantástica, con autores que rompían a su vez con ella, apareciendo Abercrombie, Martin y Steve Erickson, que engendraron diversos géneros propios. ¿Se ha planteado el lector comparar a Martin con Moorcock? Aunque no tengan que ver alguno con el otro, es mucho más sensato que compararlo con Tolkien, porque Moorcock es más cercano y, por así decirlo, es de quien Martin bebe para crear su universo de fantasía. El propio Brynden Ríos es un homenaje a la figura de Elric de Melniboné y, de El señor de los anillos, se podría decir que la saga de Canción de hielo y fuego mama relativamente muy poco.

Aún así, esta comparación sería inapropiada, pues Elric de Melbiboné y Canción de hielo y fuego son sagas absolutamente diferentes y no hay necesidad de confrontarlas por sus contextos y elementos. Ahora se peca de comparar a Brandon Sanderson con Martin o Tolkien; un absoluto despropósito. La nueva tendencia es cotejar el número de obras publicadas y ver quien tiene un worldbuilding más grande, como si nos hubiéramos olvidado de que venimos a leer una novela, no una guía de viaje de Marco Polo. Sanderson se puede disfrutar y homenajear sin necesidad de compararlo con Tolkien ni Martin. Hacer comparaciones absurdas es incluso desprestigiar la obra que te gusta, es faltarles el respeto a los escritores que tras años de trabajo las han producido. La literatura es para disfrutarla y divulgarla, cosas que se les ha olvidado a las comunidades literarias de dichas sagas, que, en lugar de difundir, proceden a denigrar las opiniones críticas de sus universos y a dogmatizar que su saga es la mejor por puro fanatismo infantil.

La literatura, como el fútbol, se disfruta en compañía o en solitario. No distrae en los momentos más duros. Nos ayuda a sobrevivir en un mundo donde nos abruma la desesperanza. Un buen libro nos acompaña, nos regala momentos de lucidez y evasión de la realidad. Leed más libros, compartidlos y descubrir mundos más allá de vuestra saga de fantasía favorita.

Daniel Murillo Rojo (@ForjadoresdeM en Twitter)

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