DEFORMACIONES DE CARÁCTER

La evolución psicológica de los personajes se considera básica en la creación de una obra literaria. Todo escritor desea crear un personaje que evolucione de forma creíble a lo largo de su obra. Sin embargo, justificar un cambio radical en el comportamiento de un personaje es como caminar sobre una cuerda floja. Te esfuerzas por controlar cada paso pero, cuando menos te lo esperas, tienes un traspié, y caes al vacío.

La deformidad ha sido uno de los grandes recursos para conseguir cambios de carácter radicales. Por ejemplo, Robert Louis Stevenson utiliza una pócima para que el anodino doctor Jekyll se convierta en el malvado e interesante señor Hyde. Y es que no hay nada que justifique mejor un cambio radical en la psique del personaje que una gran transformación física. Otro caso paradigmático de transformación es el del hombre lobo, que en el fondo no es más que el antepasado directo de Jekyll y Hyde. En el siglo XIX, el pensamiento científico se estaba imponiendo a la superstición y el mito del hombre lobo pedía a gritos una revisión. A su vez, Jekyll y Hyde sufrirían una nueva mutación al dar el salto al mundo del cómic en los años 60. El resultado fue una nueva dualidad: el doctor Banner y Hulk.

Sin embargo, los cambios de carácter de los ejemplos anteriores afectan al personaje solo durante un corto espacio de tiempo, es decir, son reversibles. Una vez finalizada la transformación, un hombre lobo, Hyde o Hulk recuperan su identidad anterior y, por lo general, las acciones realizadas no serán recordadas por sus protagonistas. Jekyll desconoce que ha hecho Hyde durante su ausencia, lo mismo el hombre al abandonar la forma de lobo.

Pero la mutabilidad de carácter de personajes que sufren una transformación y que funcionan como un interruptor evoluciona hacia la transformación definitiva. Gollum, el conocido personaje de El señor de los anillos, es una muestra de cambio irreversible. Sméagol, un hobbit poseído por el anillo único, se convierte en un ser horripilante, interesado solamente en la posesión del objeto mágico. A pesar de que durante la narración pierde el anillo, su transformación no concluye. Su físico continúa siendo monstruoso y su personalidad nunca vuelve a ser la de un apacible hobbit.

Si observamos «Canción de hielo y fuego», encontraremos algunos casos de evolución a través de heridas físicas. El primero es el de Bran Stark quien, tras ser empujado por Jaime Lanister desde lo alto de las murallas de Invernalia. Al perder la movilidad de las piernas se despierta una nueva faceta que estaba escondida en algún rincón de su alma hasta ese momento; se convertirá en el cuervo de tres ojos. Pero este sistema se repite más adelante con Theon Greyjoy. Sus heridas, la pérdida de su hombría, le causa un trauma que cambia por completo su carácter y su forma de enfrentarse al mundo. Desde ese momento olvida sus ambiciones y reconoce la amistad y la lealtad como un valor importante, quizá el valor supremo.

Pero si hay algún escritor que ha usado las cicatrices como disparador de un arco de personaje, este es Joe Abercrombie.

Sand dan Glotka es quizá su personaje más icónico y, también con el que más se ha ensañado. De un campeón de espada y gallardo héroe de guerra a inquisidor amargado, y todo gracias a años de torturas en unas mazmorras gurkas.

Jezal dan Luthar recorre un camino similar. Su cambio, al igual que sus cicatrices, no resulta tan llamativo. Al igual que Glotka, comienza como un experto y gallardo espadachín, aunque Jezal se transformará en un rey sumiso a las órdenes de Bayaz (el ejemplo más claro de perdurabilidad de los intereses financieros, ya que, su físico no cambia durante mil años, como Abercrombie se encarga de recalcarnos a través de las estatuas).

Caul Escalofríos comienza como un personaje con sed de venganza. Pero con el tiempo, y con la ayuda de la herida que le obliga a sustituir uno de sus ojos por uno de metal, la venganza dejará de ser el motor de su vida e intentará convertirse en una buena persona. No voy a decir que lo consiga pero, al menos, no puede negársele el empeño.

Rekka es otro de los personajes que ha afeado Abercrombie. Como los tres anteriores, posee un rostro atractivo al comienzo de su historia. Pero Al igual que todos ellos, su rostro queda deformado (en este caso por unos tatuajes mágicos y un ojo cegado).  Después de esta deformación física, Rekka se convierte en una gran líder para su pueblo, taimada y sarcástica.

En contraposición con estos cuatro personajes, Savine dan Glotka, a pesar de que evoluciona a lo largo del primer libro, regresa a la casilla de salida en «El problema de la paz». En esta segunda entrega parece haber olvidado todo lo aprendido y su personalidad vuelve a ser egoísta y taimada. Los cambios no han sido permanentes, solo fruto de las circunstancias a las que debe enfrentarse en el primer volumen de la saga. Sin embargo, cuando Savine retorna a su mundo, cuando la situación de peligro ha desaparecido, la transformación finaliza. ¿Tendrá que ver este tratamiento del personaje con el hecho de no haber sufrido ninguna deformación física?

Sin embargo, cuando termina la segunda entrega de «La era de la locura»Savine sí sufre daños físicos. Un cañonazo le causa heridas en la cabeza y la frente. Su deslumbrante belleza es destruida por las cicatrices. ¿Significa esto que su arco emocional no tendrá vuelta atrás en esta ocasión? Habrá que esperar a leer la tercera entrega, pero me inclino a pensar que sí. Una buena cicatriz puede terminar con algo más que la belleza, también puede finiquitar el engreimiento y la ambición. Aunque, de todas formas, el gran transformado de la novela es Leon dan Brock. Le auguro, por tanto, un gran arco de personaje. Quién sabe, quizá incluso se le enciendan un par de luces al pobre desgraciado.

No hay mejor manera para quienes deseen reformar a uno de sus personajes que maltratarlo un poco o, más bien, un mucho. Hacedle sufrir, deformad su rostro, segad sus piernas o sus genitales… Cualquier cosa con tal de que espabilen, de que se conviertan en gente bien intencionada o, en su defecto, en unos verdaderos hijos de puta.

C.G. Demian

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s